martes 19 de julio de 2011


Ayer lunes 18 de julio, se cumplieron 75 años del alzamiento militar de Francisco Franco, el cual daría inicio formal a la Guerra Civil española. En lo personal, el hecho no me es ajeno. Mi abuelo materno, Herbert Dahl, militante anarquista violento, purgó con 24 años de prisión en Sierra Chica su accionar, procurando a punta de pistola fondos para enviar el frente republicano en donde sus compañeros, los anarquistas españoles, combatían contra las tropas franquistas.

Mi historia familiar está atravesada por esta tragedia, a tal punto, que mis padres se casan sin que mi madre, la bonita y pequeña Emma Dahl, pudiera contarle nunca a mi padre, José Linares Benegas, el tremendo drama, tal el mutismo que le había impuesto la vergüenza; sí, para ese entonces no era motivo de orgullo el tener un padre preso, que había andado a los balazos, matando gente, por sus ideas políticas; no, el relato fue siempre que el viejo era marino, estaba de viaje, un largo viaje. Mi padre se entera ya con mi hermana y yo nacidos de la situación carcelaria del abuelo, gestionando su libertad ante el Dr. Oscar Alende, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, año 1960, hecho que sucede.

En estos días tan raros que estamos viviendo los argentinos, en donde se construyen relatos en donde la violencia del pasado es negada, al tiempo que se hace de la difamación un estilo, del agravio un atributo de la elocuencia, de la persecución una épica, de la manipulación y la mentira una bajada de línea, del odio una declaración de principios, del autoritarismo y la prohibición de pensar una genialidad propia de una casta de elegidos, de la corrupción una justa causa, de la impostura una virtud pública, de la censura una razón de estado, de la locación de servicios de una Justicia Federal adicta, el managment de una asociación ilícita moderna y eficiente, de la alineación stalinista de diputados y senadores complacientes, la sumisión de un Parlamento en cuenta corriente con formato de preservativo, del aborto, asesinato de seres indefensos, una bandera de los derechos humanos, de la moda de la droga un salvoconducto para tener a un pueblo alienado, anestesiado, fácil de comprar y vender por dos pesos, "militando", del narcotráfico una conversación conveniente en el VIP del Diablo, del pago imposible de una deuda externa ilegítima y fraudulenta una lección de economía política, de la entrega de los recursos naturales y la soberanía una viveza criolla, de la improvisación permanente un plan perfecto, in extremis, de la democracia, sí, así, chiquita, devaluada, poco creíble, con minúsculas, un subterfugio de violentos, patotas y barrabravas, como en el caso de la semana pasada, en donde en la ciudad de Azul, un acto partidario del Frente Progresista de Margarita Stolbizer, es disuelto a garrotazos por militantes de La Cámpora y la Juventud Sindical.

Creo entonces que vale la pena hacer un poco de revisionismo histórico y revelar una postal de la historia española menos conocida, cual es la insólita, pacífica, transgresora, divertida, mundana amistad entre Federico García Lorca y José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, ambos fusilados, el primero en Granada y el segundo en Alicante, prisión en donde también muerte un poeta enorme, genial cuidador de cabras, Miguel Hernández. En este último caso, no son ajenos los datos de la historia, no de la memoria, tan frágil, hablo de los documentos, las cartas, en donde miembros de la conducción de la Falange piden a Franco por la libertad de Miguel, ya enfermo de tuberculosis, gracia denegada por el dictador gallego. Después Franco mandaría a la Falange a morir en los hielos de Rusia, con la División Azul.

Lo propongo como una meditación política. Tal cual. Porque la única salida posible que tenemos los argentinos a este encierro que nos han propuesto unos pocos, muy pocos, usurpando el legado de un movimiento popular, aventura política que redunda en un fracaso histórico, el peronismo, es la refundación de la Patria, espacio poético y metafísico que nos comprenda a todos. A todos los que creemos que somos hermanos, que venimos y vamos a la tierra, portadores de valores eternos, capaces de la revolución más plena y profunda, la que sucede en el corazón del Hombre.

Sobre el punto de la revelación del pasado negado o tergiversado, del revisionismo, tarea que he heredado de mi padre y me apasiona, quiero hacer referencia a dos hechos, a propósito de la fecha así como de nuestra historia violenta, nuestra guerra civil, que no cesa. Ambas informaciones las tomo de un diario español, El País de Madrid, el cual leo on line, sí, más allá de que el presidente del Grupo Prisma, titular del multimedio que comprende al diario, sea un asiduo animador del Grupo Bilderberg. Al menos ahí tengo noticias internacionales, más menos me entero qué sucede en el mundo. En los medios argentinos esto es prácticamente imposible.

A propósito el inicio de la Guerra Civil española, el diario madrileño pone la lupa y critica una miniserie documental emitida por una señal de cable, Telemadrid, en donde se relata el inicio de la tragedia como el correlato del asesinato del diputado de la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas, José Calvo Sotelo, el 14 de julio de 1936, líder parlamentario, secuestrado de su domicilio en Madrid por una brigada del PSOE y fusilado a sangre fría de un disparo en un ojo y otro en el pecho. Un mes antes del asesinato de Calvo Sotelo, en la sesión parlamentaria del 16 de junio de 1936, el líder de la oposición José María Gil-Robles, de Acción Popular, presentó un informe sobre los desórdenes ocurridos desde las elecciones y el triunfo de los republicanos, en febrero de 1936, que incluía 170 iglesias incendiadas, 251 intentos fallidos de quema de iglesias, 269 muertos y 1287 heridos por asesinatos políticos y choques callejeros, 133 huelgas generales y 218 parciales. Cuatro días más tarde del asesinato de Calvo Sotelo, Franco invadía España desde el norte de África. Copio la nota publicada en El País, titulada “Una lamentable manipulación”, para que el que quiera analizarla. Santos Juliá, autor de la misma, entiende que el documental obvia conversaciones entre el líder de derecha asesinado y el General Mola, uno de los jefes militares rebeldes junto con Franco, hecho que no está documentada pero se da por cierto y negado por el autor del telefilme, justificando de esta forma el homicidio de Calvo Sotelo, tal galimatías propone el redactor, siguiendo la lógica del silogismo, nada menos.

http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/lamentable/manipulacion/elpepirtv/20110713elpepirtv_6/Tes

En idéntica línea, el diario madrileño publicaba una información que ni siquiera aquí lo hicieron los medios, ni los oficiales, sobre la sentencia a reclusión perpetua de ex militares, policías y guardiacárceles, a propósito de la causa del centro clandestino de detenciones El Vesubio. Copio también la nota del diario madrileño, para su análisis, porque tiene que ver con un relato impuesto, manipulación falaz, en donde se pretende negar la lucha armada, liderada por ERP y Montoneros, fuerza militar irregular que llegó a consolidar un ejército revolucionario de unos ocho mil efectivos, los cuales procuran la toma del poder por la vía armada durante el gobierno democrático de Juan Perón, desafiando a una fuerza armada regular, perfectamente pertrechada y entrenada, de más de cien mil hombres, delirio mesiánico que a la fecha no ha tenido la más mínima expresión de autocrítica por parte de sus cuadros de conducción sobrevivientes, sino todo lo contrario, una reivindicación permanente, lo cual a uno no le de a pensar otra cosa que estamos ante esbirros, mercenarios, que cumplieron una tarea por encargo, manipulada desde los centros imperiales, la cual los obliga hoy día a sostenerla con una sobreactuación tan poco creíble.

Los dos relatos que se consignan en el diario madrileño, con lupa y detalle, tienen que ver con extranjeros, un español, su pareja, uruguaya, más el de una socióloga alemana, los cuales son secuestrados y asesinados en El Vesubio, junto con 175 casos más por los cuales los represores son condenados de por vida, en donde tanto en los dos primeros como en la segunda, se los relaciona con la lucha armada, pero, en los primeros, militantes de la Vanguardia Comunista, grupo maoísta, con el uso de las armas en defensa propia, en el caso de la segunda, la socióloga alemana, militante del Partido Obrero que luego abraza la lucha armada, pero como una guerrillera que “se negaba a matar”, curiosidad que daría para una pesquisa forense antropológica.

La denuncia reciente de Antonio Cafiero, dando testimonio ante un estrado judicial del asesinato del Padre Carlos Mugica por parte de Montoneros, por haberse bajado públicamente de la lucha armada, nos exime de mayores comentarios. Sobre todo tratándose de una ignota y confundida socióloga alemana. Eso sí, la particular descripción del diario español no deja de describir tres casos de 175, curiosamente, enfatizando un supuesto carácter internacionalista de la guerrilla argentina de los 70, falacia conceptual e histórica, manipulación deliberada de las luchas del pueblo argentino, entregado hoy día de pies y manos a los dictámenes de Cortes Internacionales, sometidas a su vez a los mandatos de los centros de dominio mundial, vulgares buffet de abogados a sueldo de corporaciones multinacionales, grupos de presión, banqueros, multimedios, testaferros de un Nuevo Orden Mundial. http://www.elpais.com/articulo/internacional/Argentina/condena/criminales/dictadura/elpepuint/20110715elpepuint_9/Tes

Días antes, esta vez sí, La Nación nos informaba de otra causa, en donde había sido también condenada una brigada policial de la provincia de Buenos Aires, por haber forzado a un joven militante a consumir una pastilla de cianuro antes de rendirse, -lo aclaramos por las dudas, ingiere el cianuro para no entregarse con vida, tal la práctica-, la cual, claro, le había causado la muerte. Las pastillas de cianuro eran entregadas por la logística de Montoneros a todos sus militantes, los cuales al elegir la opción de la lucha armada como la más alta forma de participación política, conforme el ideario guevarista, pasaban a pertenecer a una casta superior, que, sabía, ellos así lo declaraban, que en tal lucha “lo menos que podían perder era la vida”. En ese estilo de vida peligroso preferido, en el cual matar y morir era un sacrificio superior, el suicidio por cianuro antes de la rendición era una exigencia de la guerra revolucionaria.

Negar esta evidencia documental, ofende tanto la verdad histórica, como la real memoria de esos bizarros e improvisados soldados, en una mirada edulcorada, maniquea, maricona, reduciéndolos a sujetos de un relato falaz, manipulado su auténtico compromiso político militar, la construcción de la Patria Socialista por la lucha armada, por parte de un Tribunal de Inquisición arbitrario y mendaz, conforme una doctrina de los Derechos Humanos de unos y no de todos.

Digamos luego que esa patrulla policial, gente hoy día que ronda los 80 años, es condenada de por vida, lo que les resta de ella a prisión, por haber pretendido detener a un combatiente montonero, el cual había elegido las armas para acceder al poder. Sí, suena inverosímil. Tan inverosímil como que el actual Secretario de Derechos Humanos de la Nación, el hombre que promueve desde el poder público esta política de vendetta, es un ex combatiente de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Eduardo Luis Duhalde, hombre que participó como cuadro de conducción de esa aventura guerrillera en donde matar y morir era un estilo de vida.

También, el relato oficial de la represión, conforme los organismo de Derechos Humanos manipulados por el kirchnerismo, coptados por Hebe de Bonafini, tiende a construir una biblia apócrifa, en donde los secuestros y asesinatos de la Dictadura ocurrieron en su gran mayoría contra militantes de fuerzas marxistas, históricamente minoritarias. En los actos de ejecución de los Tribunales de Comodoro PY, verdaderas mice en scene en donde son condenados represores, la tribuna está poblada invariablemente por cantidad banderas rojas del Partido Comunista Argentino, que, como todos sabemos apoyó a la dictadura genocida. Cuando lo cierto es que los desaparecidos fueron en su inmensa mayoría militantes peronistas, muchos de ellos ajenos a la lucha armada.

Después de esta extensa introducción, lo más parecido a una perorata, publico la nota “Lorca y José Antonio”, estupenda investigación, del Profesor de Letras y blogero, Fernando Álvarez Jurado, de la ciudad de Córdoba, España. No, no es famoso. Tiene varios blogs, esta nota la copié de La Tercera España.

"Son pocos los testimonios que tenemos de la posible relación entre José Antonio y Lorca. En su Biografía apasionada de José Antonio, el escritor falangista Ximénez de Sandoval, amigo de José Antonio, testimonia el interés del fundador de Falange por conocer a García Lorca. Fue en el reestreno el 27 de febrero de 1935 de Bodas de sangre: A Federico García Lorca -a quien José Antonio admiraba extraordinariamente y de quien decía que sería el poeta de la Falange -no hubo modo de presentárselo, aún cuando una vez me invitara el Jefe a ver "Bodas de sangre" en el Coliseum, y entráramos en el camarín de Lola Membrives para ver si estaba y conocerle.

Hay, sin duda, amistades peligrosas que la llamada memoria histórica trata de olvidar. Por encima de enfrentamientos ideológicos, los primeros años treinta propiciaron un ambiente de camaradería intelectual y personal que hizo que confraternizaran personajes que después se verían encuadrados, en ocasiones no muy a su gusto, en cada una de las dos Españas enfrentadas. Es el caso de José Antonio Primo de Rivera y Federico García Lorca. Por edad ambos pertenecientes a la Generación del 27, una generación de la amistad, como con acierto ha sido definida. Compartieron amistades, ambientes intelectuales, gustos literarios y ese aire de época que les hizo vivir al límite entre lo espontáneo y lo difícil.

Un año después en el Teatro Lara se representaba una obrita teatral de Ximénez Sandoval y en el auditorio se encontraban Lorca y José Antonio. Sandoval recuerda que quiso aprovechar la ocasión para presentar a José Antonio a Lorca. Según él, tampoco fue posible. Aunque este autor se inclina a creer, por tanto, que no hubo relación entre ambos, todo nos hace indicar que en el Madrid de los años treinta lo más probable es que se conocieran. Gabriel Celaya, quien trató a Lorca y José Antonio, rememora las famosas tertulias de La Ballena Alegre. Aunque algo extensa la cita creo que merece la pena reproducir las palabras de la entrevista que concedió al hispanista Ian Gisbson. Podemos visualizar el clima que se respiraba antes de que los odios se desatasen:

Nosotros teníamos una tertulia donde íbamos a tomar café todos los días, era un sitio que se llamaba La Ballena Alegre, en los bajos del Lyon. A esta tertulia íbamos, pues, estudiantes de la Residencia de Estudiantes, que muchos eran actores de La Barraca, del teatro de Federico, iban el mismo Federico, Eduardo Ugarte, que era el otro codirector, con Federico, de La Barraca, muchos residentes y muchos amigos. Y allí nos reuníamos todos los días en el mismo sitio...Nosotros estábamos allí en una mesa. Y en la mesa de enfrente había otra tertulia, que era todos los fundadores de la Falange: José Antonio Primo de Rivera, Jesús Rubio (que después fue ministro), José María Alfaro...Nos conocíamos todos y nos insultábamos, pero era todo como un juego porque nos decíamos: "¡Cabrones! ¡Fascistas! ¡Rojos!". Esto sería el año 1934. No había hostilidad. Las tertulias eran separadas y en los periódicos nos metíamos los unos con los otros, pero no había una cosa de guerra, era cosa de amigos, de intelectuales, de estudiantes, y nos veíamos en las mismas exposiciones, en los mismos conciertos, en las mismas obras teatro. Madrid era muy pequeño...Estas cosas que te cuento de La Ballena Alegre, esto de que nos gastábamos bromas los unos a los otros y nos decíamos: "¡Cabrones!", "¡Rojos!", ¡"Fascistas!", como en broma y que luego estábamos juntos tomando una cerveza en el bar del teatro, esto ya no parece verosímil; sin embargo, ¡era así!

Más adelante detalla el momento en el que Federico le presenta a José Antonio una de las innumerables noches madrileñas donde los jóvenes escritores compartían amistad, literatura, música y copas.

A José Antonio me lo presentó Federico en Casablanca una noche de whiskys. Yo no había ido con Federico, había ido con un grupo de la Residencia, vamos de la misma tertulia, y allí estaba ya Federico con José Antonio. Casablanca era un cabaret, como se decía entonces, un sitio de baile nocturno. Y allí fuimos después de cenar y allí estaba ya Federico. "Oye, ven aquí -me dice-, te voy a presentar a José Antonio, vas a ver que es un tío muy simpático" Y nos presentó. Yo solo estuve en Madrid hasta el 35. Así que es totalmente cierto que Federico y José Antonio se conocían.

El diplomático chileno y republicano convencido Carlos Morla Lynch, al que recientemente la editorial Renacimiento ha reeditado sus interesantes memorias en dos volúmenes En España con Federico García Lorca y España sufre, fue íntimo amigo de Federico y también trató a José Antonio del que, desde la distancia ideológica pero de la cercanía personal y humana, hace los siguientes comentarios:

José Antonio me es extremadamente simpático. Todo un varón, fuerte, viril, decidido, con rostro y fisonomía de niño bueno. Nunca mejor aplicada para definirlo que la expresión andaluza "tiene cielo". Su actitud -muy discutida- es noble y levantada, y no habrá republicano -por fanático que sea- que en el fondo de su ser íntimo no lo sienta así. Estoy cierto de ello...En vista de que es temprano todavía me voy a un Coktail-Party mundano que tiene lugar en Bakanik, el bar que está de moda. Me encuentro allí, en un ambiente elegante y aristocrático, con José Antonio, por quien tengo la mayor estimación. Es un muchacho de una entereza y noble caballerosidad a toda prueba; valiente, vertical siempre y seguro de sí mismo...-Tienes la suerte- le digo- de que te quieran hasta tus enemigos. Noto que esta declaración sincera le conmueve, y, después de repetir la frase pausadamente -"hasta mis enemigos"- como para penetrarla bien, se queda pensativo.

El pintor falangista Alfonso Ponce de León también pudo servir de enlace entre José Antonio y Lorca. Asesinado sin escrúpulos por los republicanos en 1936, este interesante artista, que diseñó el logotipo del SEU, colaboró con Federico en La Barraca desde 1932. Además se casó con Margarita Manso quien, según el también artista Santiago Ontañón, con anterioridad había mantenido una intensa relación con Lorca.

José Antonio quien definía a la Falange como un movimiento poético que "levantaba la bandera de la poesía que promete frente a la poesía que destruye" y afirmaba que "a los pueblos no los ha movido más que los poetas", se rodeó de un grupo de escritores, la llamada "corte literaria de José Antonio", cuya relación con otros autores de la Generación del 27 y las vanguardias fue intensa. Rafael Sánchez Mazas, protagonista de la exitosa novela Soldados de Salamina, Ernesto Giménez Caballero, mentor de la integradora Gaceta Literaria, Eugenio Montes, Agustín de Foxá, Jacinto Miquelarena, José María Alfaro, Luys Santa Marina, Tomás Borrás, Samuel Ros, discípulo de Ramón Gómez de la Serna, Dionisio Ridruejo o Pedro Mourlane Michelena unieron a su faceta de escritores su militancia falangista. Recientemente dos libros han estudiado el ambiente intelectual en el que se gestó la fundación de la Falange: La corte literaria de José Antonio de Pablo y Mónica Carbajosa y Vanguardistas de camisa azul de Mechthild Albert.

Es precisamente en estos ambientes de vanguardia donde Lorca y José Antonio también pudieron coincidir. Curiosa y muy interesante era la Sociedad Gastronómica GU, fundada en San Sebastián en 1934. Sus principales impulsores, que con anterioridad se reunían en el Café Madrid, fueron Aizpurúa, Cabanas, Lagarde, Jesús Olasagasti y Carlos Ribera. Siguiendo las tendencias vanguardistas de la época, el local estaba decorado como si fuera un barco, siendo el púlpito para las conferencias una especie de torre de control. La conferencia inaugural, a la que asistió Pablo Picasso, la pronunció Rafael Sánchez Mazas. Por allí desfilaron gentes pertenecientes a lo que poco años después se conocería como las dos Españas y que entonces compartían una misma pasión por la cultura y la modernidad: Max Aub, Giménez Caballero, Benjamín Jarnés, Guillermo de Torre y por supuesto Federico García Lorca y José Antonio Primo de Rivera quienes posiblemente coincidieron en algunas de sus veladas.

Como hemos comentado, uno de los impulsores de GU fue el arquitecto y líder falangista donostiarra José Manuel Aizpurúa. Cuenta Gabriel Celaya que el 8 de marzo de 1936 se citó con García Lorca en el hotel Biarritz de San Sebastián. Lorca había pronunciado el día anterior una conferencia sobre el Romancero Gitano en el Ateneo donostiarra. Lorca apareció acompañado por José Manuel Aizpurúa, fundador de la Falange en San Sebastián. Celaya, llevado por sus prejuicios izquierdistas, se negó a saludar a Aizpurúa, creándose una situación tensa. Tras marcharse el arquitecto falangista, relata Celaya:

Me preguntaba Federico por qué no había querido saludar a José Manuel Aizpurúa, y por qué entre los dos, le habían creado una situación tan tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpurúa era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era muy inteligente, que adoraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mi cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa , con la confesión de lo terrible: -José Manuel es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos salir juntos en un taxi con las ventanillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él.

Ian Gibson recoge una anécdota ocurrida el 25 de agosto de 1934 en Palencia donde La Barraca representaba el Burlador y las almenas de Toro. En un céntrico restaurante de la ciudad, mientras los actores y estudiantes de la compañía comían, entró José Antonio junto a cuatro falangistas. Al darse cuenta éste de que allí se encontraba García Lorca, le mandó una nota que acababa de escribir en una servilleta y que, según Modesto Higueras, leyó Lorca con disimulo:

Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?

Y es que José Antonio, gran conocedor de la literatura española del momento, era admirador de la obra poética y dramática de Lorca. Así, según Ximénez Sandoval, sus Canciones se encontraban entre los libros preferidos del fundador de la Falange, junto a Marinero en tierra de Rafael Alberti y Víspera del gozo de Pedro Salinas. De hecho, José Antonio consideraba a Lorca como el mejor cantor de la imaginada España nacionalsindicalista, esa "España alegre y faldicorta" que nada tuvo que ver con la que finalmente se impuso tras la guerra, una España liderada, en palabras del propio José Antonio, por un grupo de "generales de desoladora mediocridad política" que no tuvo escrúpulos en aniquilar físicamente al poeta granadino e ideológicamente al revolucionario falangista. Corría el mes de agosto de 1936. José Antonio estaba encarcelado cuando se enteró del asesinato de Lorca. Según cuenta Ximénez Sandoval "por Miguel Primo de Rivera, sé que se enteró del trágico fin del gran poeta granadino en los días de su proceso, y le impresionó mucho".

Lorca fue víctima de venganzas personales y del radicalismo de los sectores más reaccionarios de la capital granadina, con Ruiz Alonso a la cabeza, que tras deshacerse de los líderes falangistas auténticos opuestos al revanchismo y a los asesinatos indiscriminados, como el cordobés Patricio González de Canales, desató en la capital granadina una represión sin límites. Precisamente Lorca fue a buscar refugio en la casa del poeta falangista, Luis Rosales. Esta situación se repitió en otros muchos puntos de España. La Falange fue progresivamente adulterada, algunos de sus miembros como Manuel Hedilla encarcelados y otros, como Juan José Domínguez o J. Pérez de Cabo, incluso fusilados. En la zona republicana, tres meses después de la muerte de Lorca, también caía vilmente asesinado José Antonio en el patio de la prisión de Alicante. Está claro que lo que se debatía en los campos de batalla no era el triunfo de la legalidad, la democracia, el sentido común o la inteligencia.

Lorca y José Antonio vivieron con intensidad y generosidad, seducían y cautivaban a los que los conocieron, cayeron muy jóvenes víctimas del odio y tras sus injustas muertes, sufrieron la manipulación de aquellos que, desconociendo el sentido último de sus trayectorias vitales, los convirtieron en mitos petrificados al servicio de ideologías excluyentes. Sin saberlo, o quizá conscientes de ello, cada vez que Lorca y José Antonio compartían whisky y dancing en el Casablanca, amigos en La Ballena Alegre, lecturas poéticas, tertulias o paseos inconfesables en el Chevrolet amarillo, estaban construyendo la Tercera España.


5 comentarios:

Wermen dijo...

Ya sé que no tiene que ver con la nota, pero te quería pasar este vínculo. A lo mejor ya estabas enterado. http://www.malvinense.com.ar/smalvi/11/1925.htm

Un abrazo

Desde Mompracem dijo...

Extraordinario post. José Antonio fue de una personalidad mucho más rica e intensa que la que franquismo embalsamó, después de traicionarlo. Un abrzo

Eduardo Linares dijo...

Wermen, los conozco, he cruzado informaciones y apoyo mutuo con Patricio Mendiondo un par de veces. Gran patriota y persona. Gracias, abrazo

Eduardo Linares dijo...

Amigo, creo que Lorca también es muy distinto a lo que nos ha devuelto la izquierda. Hoy día sus familiares se enfrentan al gobierno español, empecinado en desenterrar sus restos. Sí, lo de José Antonio es extraordinario, sin los sectarismos de franquistas y falangistas nostálgicos. Lamentablemente nos hemos comprado los cliches y no hemos podido profundizar su valiosa y corta existencia. Gracias, saludos

Mario MLS dijo...

Eduardo, gracias por acercarnos esta historia.

Ninguna sociedad es perfecta, y ciertamente la España de hoy no entraría en esa definición. Pero lo rescatable en todo caso es que han podido superar (manteniendo las diferencias de visiones y posturas) un episodio tan sangriento y desgarrador como la guerra civil que tuvieron.

Va siendo hora que en Argentina empecemos también a mirar en serio al futuro, con sus oportunidades pero también con sus amenazas claras de afuera, en vez de seguir revisando parcialmente el pasado para reponer antagonismos internos que tanto daño nos hicieron. Si no se impondrá aquello que decía el Martín Fierro con respecto a lo que pasa si se pelean los de adentro.

Abrazo.